La periodización ha modificado el entrenamiento atlético, tal y como lo conocíamos.
Se trata de modificar las variables del ejercicio como la intensidad y
el volumen dentro de un periodo específico de tiempo, tras el que
alcanzaremos el rendimiento máximo. El origen de la periodización
estuvo en la antigua URSS y fue aplicado ampliamente por la mayor parte
de sus atletas.
La periodización en resumen.
La periodización no sólo significa hacer un periodo de altas
repeticiones y peso ligero, seguido de otro de bajas repeticiones y
grandes cargas. En realidad es eso, pero son tantas las variables que
afectan a nuestro rendimiento -desde las puramente físicas como
enfermedades y lesiones, hasta las psíquicas, como estrés y apatía- que
no resulta razonable preparar un programa muy rígido y seguirlo al pie
de la letra. Algunos atletas de los países del Este, a pesar de
hallarse dirigidos por entrenadores militarizados y un sistema
implacable, utilizan la lógica de su instinto para determinar las
cargas idóneas para cada serie. Las personas cuyo objetivo es el
desarrollo muscular deben llevar esta idea casi hasta su limite. Os
vamos a demostrar cómo se subdivide la periodización (fraccionada en
ciclos o desarrollos secuenciales), las relaciones ideales entre el
volumen y la intensidad del entrenamiento, y el problema de la
adaptación. Una vez que sepáis reconocer estas variables, las podréis
acoplar en vuestro entrenamiento, de acuerdo a las necesidades
concretas del momento.
Los ciclos de pesos.
Tras un breve periodo de tiempo, cualquier esfuerzo llega a resultar
prácticamente inútil si continuamos haciéndolo de la misma manera,
porque el cuerpo deja de responder debido a la costumbre. Para
continuar mejorando en desarrollo muscular o en rendimiento físico, es
necesario imponer una carga superior. Pero la raíz del problema estriba
en que resulta imposible incrementar la carga indefinidamente.
Hay un límite. De no existir, la progresión de récords sería
indefinida. La realidad es que nadie puede entrenar a tope todas las
veces y progresar continuamente. ¿Por qué? Quizás se deba al
agotamiento de las glándulas endocrinas o a los fallos neurológicos. El
hipotálamo, esa parte del cerebro que se encarga de tantas cosas y en
este caso de la adaptación, parece inhibirse. O quizás sea que la
genética muscular ya no responde más. También podría deberse a algún
mecanismo de regulación homeostática desconocida, que impide el
progreso continuo unidireccional. La verdad es que en algún momento de
nuestra carrera deportiva nos vamos a encontrar ante este estancamiento
que, de no ponerle remedio, puede llegar a convertirse en definitivo e
incluso a obligarnos a retroceder.
Los
científicos especializados en este tema reconocieron que el proceso de
entrenamiento se basa en una serie de ciclos para que continúe siendo
productivo. Podemos establecer una similitud con la vida humana y sus
procesos de ascenso, meseta y declive, unidos en una especie de
pequeñas ondas que también contienen las tres fases que acabamos de
enunciar. Hay, por lo tanto, años mejores, años neutros y años peores,
y dentro de cualquiera de esos periodos de doce meses, días buenos,
días malos, e incluso horas perfectas y horas mediocres dentro de una
misma jornada. El propio carácter cíclico de la vida debe trasladarse
al entrenamiento atlético para que éste pueda expresarse de un modo
racional.
El concepto del ciclo de cargas es
muy sencillo: si nuestros músculos dejan de responder a un estímulo
determinado y se rebelan contra cualquier incremento de la carga, habrá
que buscar otros modos de reestimularlos. Es muy posible que entonces
llegue el momento de aligerar, de reducir la sobrecarga o la intensidad
del trabajo.
La
periodización se aplica al todo y a las partes de nuestro
entrenamiento. Los expertos científicos de este sistema no ven con
buenos ojos el clásico programa de series múltiples con el mismo peso
(por ejemplo 6 series de 6 repeticiones con 100 kilos). Han adquirido
el hábito de hacer series de 2 o 3 repeticiones muy pesadas utilizando
un peso que se aumenta paulatinamente hasta llegar al levantamiento
máximo del día. En algunos casos las cargas van aumentando hasta llegar
a un máximo de una repetición, después se aligeran, luego vuelven a
incrementarse, etc. Parece ser que este sistema resulta más efectivo
debido quizás a causas complejas referidas al aprendizaje neuromotor.
También esa clase de entrenamiento se hace menos monótono y más ameno.
Además, la variación continua del volumen y la intensidad reduce la
temible posibilidad de sobreentrenamiento y favorece el rendimiento
máximo.
Hay seguidores de la periodización
que opinan que la carga debe modificarse gradualmente. Aunque la
experiencia avala esa realidad a largo plazo, no es razonable utilizar
sobrecargas ligeras. Los expertos en la materia proponen incrementos
abruptos y repentinos para que la capacidad funcional del atleta se
optimice. La organización de las cargas de entrenamiento permite
conseguir mejores resultados con menor volumen de trabajo.
Utilizando
como ejemplo la sentadilla, podemos probar un incremento diferente a
ese lineal al que estamos habituados, y lo podríamos traducir en unas
cifras como éstas: 100 kilos-115-95-110- 105-140, en lugar de la
progresión clásica: 90-100-110-120- 130-140. Parece ser que los saltos
irregulares en las cargas nos acercan antes a nuestro objetivo.
Se
ha hecho común trabajar cada grupo muscular una vez por semana.
Imaginemos que hacemos un total de 50 repeticiones por músculo. Ese
volumen es el producto de sumar las repeticiones de todas las series,
aparte de las correspondientes al calentamiento. Por ejemplo, 5 series
de 5 repeticiones de press de banca, igual a 25, más 5 series de 5
repeticiones, de press inclinado, igual a 25, lo que suma un total de
50 repeticiones de volumen de entrenamiento para el pecho.
En la última semana del mes, recortaremos el volumen en un 40 %: eso
daría 30 repeticiones. La distribución del volumen de entrenamiento
semanal en un mes podría resultar semejante a esto: 45-40-50-30.
40-45-30-50. 30-40-50-35, etc. Recordad siempre que los cambios
abruptos en volumen e intensidad de entrenamiento provocan mejores
resultados que los cambios suaves. Una manera de aplicar este principio
en la práctica podría ser la de hacer tres semanas de sobrecargas
fuertes y muy rápidas, seguidas por una semana con la mitad del volumen
de los entrenamientos anteriores. Hacer ciclos implica variar
notoriamente la dificultad de nuestro entrenamiento.
La experiencia de los atletas y los entrenadores asegura que los
entrenamientos ligeros recuperan la fuerza y la potencia mucho mejor
que el descanso completo o proseguir la intensidad. Los procesos
anabólicos se intensifican cuando hacemos temporadas de trabajo con
cargas pequeñas y baja intensidad después de haber utilizado durante un
tiempo sobrecargas cercanas al límite.
Es
importante comprender que el proceso de entrenamiento se basa en la
continuidad de muchos ejercicios. Si, por ejemplo, incluimos un
ejercicio fundamental esporádicamente, apenas llegaremos a mejorar
nuestras prestaciones e incluso podemos empeorarlas. El cuerpo tarda en
adaptarse a un estímulo que combina la fuerza con la técnica.
Se
resiste a modificar su estado. Sin embargo, si intensificamos la
frecuencia de entrenamiento hasta un punto razonable, mejoramos nuestro
rendimiento. Hay pesistas profesionales del bloque del Este que
practican la sentadilla, el dos tiempos o las cargadas a diario pero
pocas veces llegando a sus límites absolutos. Al adaptar sus ligamentos
y articulaciones a esas cargas, e ir mejorando continuamente la
técnica, logran sacar el máximo partido a los músculos implicados en
los ejercicios que eligen. El truco consiste en no esforzarse a tope
todas la veces. De hacerlo así, acabaríamos sobreentrenando, lo que
arruinaría nuestro camino hacia el objetivo final.
La
sistemática que acabamos de exponer resulta muy útil para la gente del
músculo puro, powerlifter y culturistas. Sin embargo, otros atletas de
deportes menos estáticos necesitan mayor variación en sus
entrenamientos. La periodización los toma en cuenta. Los experimentos
científicos realizados al respecto demuestran que conseguir buenos
resultados con un entrenamiento concreto no dura nunca más de dos
meses. A partir de entonces hay que cambiarlo. Pero no se trata de
embriagarnos en una especie de orgía de variedad, ya que esto nos
distraería de nuestro propósito: entrenar con intensidad. Cuando
modificamos continuamente los ejercicios e incluso lo hacemos a diario,
el cuerpo deja de progresar porque no tiene tiempo para acostumbrarse a
lo que pretendemos enseñarle. En cualquier caso, no es positivo
modificar nuestro entrenamiento de continuo, pero tampoco repetir el
mismo una y otra vez.
La relación entre el volumen y la intensidad.
Suele ser una relación inversa. La variación de las cargas resulta
fundamental para obtener el éxito como atleta de las pesas, pero debe
hacerse de acuerdo a una regla: es necesario concentrarse en el volumen
y no abusar nunca del entrenamiento de alta intensidad. Éste se define
como el porcentaje del máximo de una repetición o como el momento en
que el músculo alcanza el fallo y no puede seguir moviendo el peso por
él mismo sino mediante una ayuda externa. La alta intensidad exige
tantas demandas que no llegaríamos a progresar si la convirtiéramos en
compañera. Cuando buscamos esas adaptaciones que nos permiten modificar
nuestro cuerpo, y nos preocupan menos los cambios funcionales, se hace
necesario incrementar el volumen de las cargas. Por otra parte si
pretendemos mejorar nuestra capacidad específica para un deporte, la
intensidad adquiere una importancia relevante. Los grandes culturistas
afirman que los músculos crecen haciendo series y repeticiones, y que
luego se fortalecen cuando nos esforzamos al máximo en cada repetición.
Conseguir
una fuerza superior en cualquier ejercicio, implica no mantener su
punto álgido a cualquier precio. Es muy difícil conservar la fuerza
tope durante más de una semana, y si insistimos en hacerlo aparecen los
graves problemas del sobreentrenamiento y las lesiones. Además, la
intensidad continuada resulta negativa para los futuros progresos. Hay
que alternar el binomio volumen-intensidad.
El asunto de las repeticiones
Se ha observado que el organismo del atleta se adapta mucho mejor si
tiene que enfrentarse con un objetivo de entrenamiento limitado y
concentrado que con una serie de exigencias contradictorias -aumentar
de tamaño y definirse a la vez, y también correr más y desarrollar la
fuerza-. De ahí que los diferentes intervalos de repeticiones ejerzan
un efecto específico sobre el músculo. Se sabe que las repeticiones
altas desarrollan las mitocondrias, el sarcoplasma y la
bascularización; las medianas, las proteínas contráctiles; las bajas,
la densidad muscular. Eso implica que si queremos conseguir grandes
progresos, tenemos que olvidarnos de hacer siempre las mismas
repeticiones. Congestionaremos nuestras mitocondrias haciendo series
agotadoras de 100 repeticiones en un entrenamiento; incrementaremos
nuestra densidad en la próxima sesión con bajas repeticiones cercanas
al máximo; y potenciaremos las proteínas contráctiles haciendo series
de 5 a 10 repeticiones en nuestro tercer entrenamiento.
Los
culturistas tienen necesidades diferentes a las de la mayoría de los
atletas. En este caso no necesitan modificar demasiado sus intervalos
de repeticiones: deben pasar la mayor parte de su tiempo en el gimnasio
haciendo de 5 a 10 repeticiones, que son las más útiles para sus
propósitos.
Una serie de razones científicas
explican que la fuerza y el músculo conseguidos muy rápido se pierden
enseguida, y viceversa. Se ha demostrado que los diversos métodos de
entrenamiento se adquieren y se pierden a diversa velocidad. Se sabe
que el intervalo de repeticiones mediano -de 5 a 10- permite
desarrollar el músculo y conservarlo mejor que cuando se utilizan las
congestiones sarcoplásmicas -hasta 100 repeticiones- o cuando se
trabaja cerca de nuestro máximo de una repetición. El culturista debe
tener en cuenta que perderá más tarde su desarrollo si se adhiere al
protocolo de las repeticiones medias. En cualquier caso, le resultará
útil utilizar de vez en cuando los recursos de la potencia y la
resistencia muscular para sacudir los puntos de estancamiento que a
todos nos atacan. También para hacer el entrenamiento en más
entretenido. Es el principio de entrenamiento instintivo.
El efecto retardado del entrenamiento.
Cuando se entrena con alta intesidad hasta el límite del agotamiento,
no es posible exhibir el rendimiento máximo debido a dos razones. Una
de ellas, el tiempo que tardamos en adaptarnos al estímulo de
entrenamiento; otra, la fatiga acumulada como resultado del
entrenamiento de alta intensidad.
Para
conocer los progresos realizados mediante un programa de entrenamiento,
es necesario seguir después un periodo de ejercicio más ligero. El
proceso de adaptación suele producirse cuando se utiliza una carga
menos grande que la que permitió el estímulo anterior. El problema del
sobreentrenamiento es uno de los más graves para el culturista y el
atleta. Acaba con tus progresos, deja exhausto el organismo, impide tu
recuperación. Sin embargo, el sobreentrenamiento es como las dos caras
de una moneda: una, la negativa que acabamos de explicar; otra, su
expresión de arma poderosa para el culturista y el atleta. Se ha
demostrado que una especie de sobreentrenamiento a corto plazo resulta
indispensable para alcanzar nuestro objetivo final de desarrollo. Al
concentrarnos en las sobrecargas, acabaremos sobreentrenando. Si cuando
alcanzamos este momento empezamos una secuencia de súper compensación,
basada en reducir volúmenes y cargas, lograremos progresos
sensacionales debido a la modificación del estímulo y al factor
sorpresa con que se enfrenta el organismo.
Cuando
se agotan las reservas energéticas del cuerpo, siempre dentro de un
límite razonable, la superrecuperación que debe sucederlas, obtenida a
base de manipular el volumen y la intensidad del entrenamiento y las
variables de la nutrición, el organismo decide fortalecerse para evitar
un nuevo salto de fatiga. El cuerpo conseguido así, se ha hecho más
fuerte, más resistente, más adaptado. Pero este instrumento poderoso de
progreso, debemos reservarlo para las últimas zancadas en direcció
hacia nuestro objetivo. Hay que tener conocimientos suficientes para
aplicarlo y sacarle partido. No es para principiantes, sólo para
avanzados.
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LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL CULTURISMO PERIODIZADO
1.
Debes variar el volumen y la intensidad en cada entrenamiento. Es
preferible efectuar cambios abruptos que modificaciones graduales. Para
ponértelo más fácil te aconsejamos utilizar la regla del 60-100 ( el 60
% sobre la carga máxima de los días más intensos o de mayor volumen).
2.
Debes cambiar tus ejercicios cada 4 a 8 semanas. Si lo haces antes, el
cuerpo no habrá aprovechado lo suficiente el estímulo. Si lo haces
después habrás perdido un tiempo de progreso.
3.
Debes tener cuidado con el entrenamiento de alta intensidad. Lo
emplearás esporádicamente. Si tu objetivo es el desarrollo muscular, no
siempre te resulta útil: es más valioso para la fuerza. El uso
frecuente de grandes cargas y trabajo hasta el fallo muscular, puede
favorecer el riesgo de lesión y también agota la energía nerviosa.
4.
Debes seguir la clave del éxito culturista, que se basa en el volumen
elevado de entrenamiento. Algunos culturistas avanzados llegan a hacer
entre 100 y 150 repeticiones por grupo muscular.
5.
Debes saber que existe una relación inversa entre el volumen y la
intensidad de entrenamiento. Sin embargo, algunos grandes culturistas
la rompen ocasionalmente, mezclando ambas variables. Sólo puede hacerse
escasas veces. De proseguir en ello, el sobreentrenamiento y la lesión
vendrían enseguida.
6. Debes limitar
cada entrenamiento a un intervalo de repeticiones concreto, por
ejemplo: 1 a 3 (bajas), 4 a 7 (medio bajas), 8 a 12 (medianas, las más
adecuadas para los culturistas), y más de 12 (altas, idóneas para la
resistencia muscular, la congestión y también para el desarrollo si se
emplean esporádicamente).
7. Debes
variar la intensidad dentro de cada entrenamiento a la vez que
mantienes el intervalo elegido de repeticiones. Nos referimos a los
kilajes y a la aproximación al fallo muscular.
8.
La base del régimen científico culturista oscila entre 4 y 12
repeticiones. Los entrenamientos que incluyan repeticiones muy bajas
(menos de 4) deben realizarse esporádicamente (nunca más de uno al
mes). El trabajo con repeticiones altas (más de 12) también deberá ser
ocasional, aunque algo más frecuente que el de las grandes cargas. 9.
Los entrenamientos ligeros son más efectivos que el descanso completo.
Debemos practicar un descanso activo para recuperarnos mejor, y
utilizarlo siempre que el instinto nos lo indique.
Sólo debemos optar por el sedentarismo (nunca completo) cuando estemos lesionados o padeciendo de sobreentrenamiento notorio.
10.
Acercarnos hasta el umbral del sobreentrenamiento y seguir entonces un
sistema de poco volumen de carga y escasa intensidad resulta uno de los
mejores estímulos anabólicos. Practicarlo de vez en cuando siempre que
hayáis alcanzado un nivel elevado en vuestro deporte.
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